Por: Adriana Ovalles (aovalles40@gmail.com)

Hagamos un ejercicio de imaginación: se ha podido crear una máquina del tiempo, en la que viajamos 100 años al pasado y traemos diversos profesionales quienes cumplirán la misma función en el presente con los mismos implementos y herramientas tecnológicas actuales, entre ellos: médicos, ingenieros, arquitectos y maestros. Luego de ubicarlos en su nuevo lugar de trabajo, la mayoría no podría ni siquiera entender cómo funcionan estos implementos o herramientas para cumplir su labor, por ejemplo, un médico no podría ser capaz de curar una simple infección debido a que el primer antibiótico fue descubierto por Alexander Fleming, en 1928 (FONDECYT, 2019), mucho menos sería capaz de realizar una cirugía dentro de un quirófano, ya que no sabría para que sirven los equipos que ahí se encuentran, para ello tendría que realizar un amplio programa de capacitación, y quizás no lo logre. ¿Pero que ocurre con un ingeniero o arquitecto?, ¿podrían diseñar un edificio usando las técnicas de diseños actuales?, un abogado ¿podría defender a un acusado en un juicio?, cuanto tiempo requeriría para actualizarse en leyes y reglamentos, piense en cualquier otra profesión.

Sin embargo, en el caso del maestro que viajo al futuro, y es llevado a una escuela primaria actual a impartir clases, al ingresar al aula observará quizás un aula con más colores, carteleras ilustrativas, iluminación artificial, luego unas mesas o pupitres, organizados en uno detrás de otro en donde se sientan los niños, y al frente de ellos un pizarrón para el cual buscará tizas, pero con solo explicarle el uso del marcador y del borrador, listo, ya puede enseñar a leer, escribir y sumar. En función a ello, Prieto (2018), refiere que “el salón de clases parece haberse quedado congelado en el tiempo […] es un modelo jerárquico en el que el profesor […] planea científicamente lo que se debe hacer, da instrucciones y fiscaliza que los alumnos […] ejecuten instrucciones”.

Este autor refiere que el sistema educativo actual es el tradicional, en donde la educación es estandarizada, misma planificación, mismo cronograma, misma clase y mismos exámenes para todos los estudiantes. En la mayoría de las aulas actuales se pasa por alto las características individuales, necesidades y potencialidades de cada uno de ellos, además, observamos que las funciones docentes se encuentran inmersas dentro de las cuatro paredes del aula de clases, existen casos de docentes quienes ven a sus estudiantes pelear o molestar a compañeros en el recreo y no intervienen, y voltean su mirada a otro lado, ni pensar conversar con padres más allá de las tres reuniones obligatorias del año escolar, donde la reunión se centra en el conglomerado y no en las individualidades, a menos que el estudiante cause algún problema que requiera citarlos para informar sobre el mal comportamiento.

 Igualmente, los docentes exigen a sus estudiantes permanecer sentados por largos periodos, mantener el silencio; siendo lo opuesto una de sus mayores quejas: ¡se para, camina todo el salón y habla mucho¡, o el ¡llegan del recreo muy sudados, y no permito que entren así al aula¡ En estudiante mayores, hasta en niveles universitarios hay docentes que exigen guardar sus equipos móviles por considerarlos distractores, sin comprender que se han convertido en una ampliación de su extremidad, podría compararse para nosotros como vivir sin nevera o lavadora que ha terminado siendo equipos de primera necesidad.

Cabe preguntarse, cual es la forma idónea de preparar para el futuro a esta generación tan diversa; diferentes culturas, religiones, personalidades, intereses, sueños, necesidades, capacidades, potencialidades, dificultades; todas estas determinantemente influenciadas por las relaciones familiares, comunales, escolares. Es casi imposible encontrar escolares con idénticas características personales, pueden gustarle lo mismo, tener un gran potencial hacia un área, mismo interés, pero su realidad, su influencia familiar es diferente.

Es por ello que las escuelas deben estar orientadas a la construcción de una educación de calidad, garantizando el aprendizaje que necesitan cada uno de los estudiantes para su desarrollo y formación integral, pero, ¿planificar para la heterogeneidad de aproximadamente 30 estudiantes es posible?, ¿se puede enseñar lo que necesitan aprender cada uno de ellos?, o estamos hablando de una utopía. O tal vez esta educación diferenciada necesaria, se refiere a darles todas las herramientas requeridas para que cada uno aprenda a su ritmo, según su estilo de aprendizaje, su necesidad, preparándolo para una vida adulta feliz.

Considero que se educa al niño que será el hombre mañana, pero realmente no se prepara al hombre del mañana, las acciones que se toman con respecto a la educación infantil no tienen una visión de la repercusión a futuro, no se puede olvidar que los hábitos, y algunos rasgos de la personalidad como la sociabilidad, liderazgo, humildad, adaptabilidad, impulsividad y la introversión o extroversión permanece con los años (Nieto, 2020). Ahora bien, los docentes recibimos las herramientas necesarias para cumplir con esta labor, además del reconocimiento y tranquilidad representada por la pirámide de Maslow. Hablar de educación en cualquiera de sus niveles es algo tan importante y fundamental, pero tan olvidado.

Otra situación que me ha llamado mucho la atención, y esta nueva realidad referida a la pandemia nos las ha hecho más evidente es el abandono a la preparación para el futuro de nuestros niños y adolescentes, siendo lo más notorio el ámbito tecnológico. Nos encontramos en una realidad en la cual esta generación desde muy corta edad es capaz de operar equipos tecnológicos, con gran facilidad para operar un teléfono móvil o una tableta; ¿pero realmente los hemos preparado para esta época digital? Particularmente considero que hemos subutilizado la capacidad de uso de herramientas tecnológicas, los adolescentes actuales los considero consumidores de redes sociales, pero no más allá que eso. De acuerdo a observaciones personales, los jóvenes quienes nacieron posterior a 1990, estaban mejor preparados para crear y diseñar con la tecnología de la información, es decir, se veían en la obligación de armar equipos de computación, formatearlos, instalaban programas, descargaban, algunos hasta se interesaban por la programación. Actualmente, al facilitar más el uso de estas herramientas, ya no se ven obligados a buscar opciones de su agrado, todo está fácilmente a su disposición.

La situación, se ve más afectada cuando ha sido eliminado del currículo nacional la informática como materia obligatoria, actualmente es muy difícil encontrar estudiantes de educación media general que puedan tan siquiera realizar un documento sencillo en Word, mucho menos pensar en presentaciones u hojas de cálculo, es decir, en un mundo donde la tecnología es parte fundamental, dejamos de enseñarle sobre ella, permitiéndoles aprender solos, y aprenden solo lo que les interesa.

Todo esto nos debe hacer reflexionar, de quien es la responsabilidad de preparar a nuestros niños para convertirse en los adultos del futuro, adultos que se vean obligados a solucionar a desarrollar y solucionar situaciones, comprender que aprenden mejor si les interesa lo que pretendes enseñarle, si le das sentido y emoción al contenido.

Adriana Ovalles

Referencias

FONDECYT. (15 de septiembre de 2019). Cómo se descubrió la penicilina. FONDECYT INFORMA. Obtenido de https://www.fondecyt.gob.pe/fondecyt-informa/como-se-descubrio-la-penicilina

Nieto, L. (28 de septiembre de 2020). 6 rasgos de la personalidad de los niños que permanecen cuando crecen. Guia infantil. Obtenido de https://www.guiainfantil.com/educacion/aprendizaje/6-rasgos-de-la-personalidad-de-los-ninos-que-permanecen-cuando-crecen/

Prieto, R. (5 de julio de 2018). Agilidad en Educación. Publicaciones Digitales Medium . Obtenido de https://medium.com/laboratoria/agilidad-en-educaci%C3%B3n-6e92980fe200